Las chicas malas tocan y cantan mejor

Uno de los regresos más esperados tras los rigores estivales en el circuito de garitos con música en vivo de Madrid era el de The Clams, una banda de R&B compuesta por ocho mujeres de instrumentos tomar conocidas por su soul fulminante. Con el lema “Las chicas malas vuelven al cole”, se presentaban en la sala El Intruso con nuevo vestuario y una formación renovada debido a la retirada por motivos personales de algunas de sus componentes fundacionales. Por consiguiente, había expectativas por comprobar en qué estado de forma se encontraba el grupo, en particular porque dos de las nuevas incorporaciones afectaban a la sección de vientos (la tercera se hacía cargo de los teclados), algo fundamental, como es evidente, en una formación de estas características.

Pues bien, llegada la hora del concierto (las 22 horas del viernes 27 de septiembre), el local estaba a rebosar de gente con muy buen ánimo, como demostraban los reposavasos repletos y las birras y los gintonics recalentándose en las manos. Arrancaron estos angelitos del averno con la enternecedora balada de su primer disco (“Spent By Your Side”), con la que Aída, la cantante (acompañada magistralmente en los coros por Marina y Mónica), mostró los variados registros de su excepcional voz y la formación su indudable capacidad para estremecer al público. A continuación, fueron enardeciendo el ritmo de la noche con uno de sus nuevos temas, muy de estilo funky setentero, que acabó con el estallido del “Hold On!” de Sam & Dave, una de sus interpretaciones más atrevidas de los clásicos del R&B, lo cual revelaba claramente su malsana intención de descoyuntarle las caderas al respetable. La potente descarga de la quincalla (y en particular la interpretación del legendario riff de dicho tema por parte de Almu, la nueva trompetista) despejó cualquier duda acerca de la pertinencia de los nuevos fichajes.

A partir de ahí, fueron combinando, sin ninguna contemplación por la estructura ósea de los asistentes, sus propias composiciones (“Yes, She Can Do It”, “Strong & Proud” y “Take It, Shake It”) con trepidantes versiones de Little Richard (“Lucille”), Otis Redding (“I Can’t Turn You Loose” y “Shake”), Barbara Lynn (“I’m A Good Woman”), The Ikettes (“I’m Blue” y “It’s Gonna Be Fine”), Barret Strong (“Money, That’s What I Want”), Etta James (“Something’s Got A Hold On Me”, “W.O.M.A.N” y “I Just Wanna Make Love To You”), Wilson Pickett (“Mustang Sally”) y Ray Charles (“I Got A Woman”). Tras la parte anticlimática del concierto con The Ikettes, tan malignas muchachitas, bajo la sagaz dirección de Mónica a la batería, se soltaron la melena para desplegar toda la fuerza del soul estrogénico aprendido de su maestra, la gran Etta. Los latones se ponían al rojo vivo (excelentes los solos de la nueva trombonista, Patri, en “Strong & Proud” y de la saxofinista, Noe, en “I Just Wanna Make Love To You”); las voces de Aída y Marina, la bajista, llenaban de narcótica calidez el recinto; la guitarra de Henar no daba tregua a las nalgas del personal tanto con sus riffs como con sus punteos (muy reseñable el de “Yes, She Can Do It”). Ya se empezaban a ver espaldas empapadas, cuando Aída, con ese desparpajo suyo tan provocativo como tierno, anunció al público que esa pandilla de maléficos bomboncitos le iba a hacer el amor con “I Just Wanna Make Love To You”, cuya personal interpretación terminó arrancando algún que otro gemido al fondo de la sala. Otro de los momentos mágicos de la noche se produjo con la subida al escenario de sus envidiados amigos: el virtuoso guitarrista Nico Álvarez en “I Got A Woman” y Pablo Galiano con su voz agitanada en “Mustang Sally”, quienes añadieron aún más pimienta a un plato que venía ya cargadito. Inmediatamente llegó el cierre habitual en sus actuaciones, ya con el público sudorosa y frenéticamente entregado: “Minnie The Moocher” de Cab Calloway y el bailongo single de su disco, “Happy As a Clam” (donde brilló Carla, la teclista). Para los inevitables bises, se reservaron dos platos fuertes: “Hit The Road Jack” de Ray Charles, con un hermoso inicio a capella, y su magnífica versión del mítico tema de la Creedence “Proud Mary”, a la que imprimen, mediado el tema, una brutal aceleración rítmica (al estilo de Ike & Tina Turner) que resultó ser un cierre apoteósico con Aída animando al público a desgañitarse con el “rollin’, rollin’, rollin’ on the river”.

Pues bien, a la espera del parte de traumatología, ya les podemos adelantar que el concierto fue un CLAMoroso éxito: de allí no salió nadie indemne. Estas picaronas han demostrado que el suyo es uno de los proyectos musicales con mayor progresión de Madrid. Cuentan con una front woman sensacional, y sólidamente respaldada, capaz de meterse al público en el bolsillo nada más que poniéndose en jarras; tienen más tablas que el nuevo parque de la M-30, después de haberse curtido a base de bien tanto en los bares como en las fiestas patronales de la capital; hacen gala de una brass section demoledora; se pasean con un gran disco bajo el brazo (que contiene temazos como el tremendo “Take It, Shake It” o “Strong & Proud”, más próximo a las recientes propuestas del soul internacional); y, ¡oh, bendición celestial!, preparan un nuevo lanzamiento. ¿Qué más se puede pedir? Pues únicamente que toquen más a menudo y en locales más grandes. Porque, queridos lectores, no se engañen: The Clams ya son las reinas del soul madrileño.

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Fotos: Lawrence Baron